Día del Maestro – Un reconocimiento compartido
Queridas familias,
En el marco del Día del Maestro, queremos hacer una pausa para reconocer la labor de quienes, día a día, acompañan el crecimiento de sus hijos con dedicación, compromiso y vocación, siempre siguiendo la calidad, exigencia y respeto.
Ser maestro hoy implica mucho más que enseñar contenidos. Es sostener, escuchar, guiar, adaptarse y seguir creyendo en cada niño, incluso en medio de los retos propios de este tiempo: los cambios constantes, las exigencias emocionales, las nuevas dinámicas y, al mismo tiempo, las enormes oportunidades de formar seres humanos conscientes, empáticos y capaces.
Por eso, hoy más que pensar únicamente en una forma de conmemorar este día, queremos invitarlos a algo más profundo: ponerse en los zapatos de los docentes. Reconocer su esfuerzo cotidiano, su entrega silenciosa, su capacidad de reinventarse y su intención genuina de hacer lo mejor por cada estudiante.
La mejor manera de honrar su labor es desde el respeto, la confianza y el trabajo conjunto. Recordar que la educación no es tarea de uno solo, sino un camino que recorremos juntos: familia y colegio, en coherencia, apoyándonos mutuamente y poniendo siempre en el centro el bienestar de los niños.
Sigamos construyendo comunidad desde el reconocimiento y el positivismo, fortaleciendo los lazos que nos permiten caminar unidos en esta hermosa y retadora misión de educar.
Gracias por ser parte de este proceso y por acompañarnos en esta tarea compartida.
Con gratitud,
La experiencia vivida en el departamento de Boyacá, realizada del 3 al 7 de mayo con los estudiantes de grado sexto, fue mucho más que una salida pedagógica. Durante cinco días y cuatro noches, el viaje se convirtió en una oportunidad para descubrir la historia, la cultura y la naturaleza de una de las regiones más representativas de Colombia, mientras cada estudiante enfrentaba retos que fortalecieron la convivencia, la autonomía y el crecimiento personal.
El recorrido inició en el emblemático Puente de Boyacá, un lugar donde la historia dejó de sentirse lejana y pudo vivirse de manera cercana y significativa. Caminar por este escenario permitió comprender mejor los acontecimientos que marcaron la independencia del país y conectar lo aprendido en clase con una experiencia real.
Uno de los momentos más valiosos del viaje se vivió en Valle Escondido, donde el grupo acampó durante dos noches. Allí, cada actividad se convirtió en un ejercicio de trabajo en equipo y adaptación: armar las carpas, organizar los espacios compartidos, convivir bajo la lluvia y apoyarse mutuamente durante largas caminatas. La experiencia permitió que muchos desarrollaran mayor paciencia, empatía y sentido de responsabilidad, entendiendo que convivir también implica cuidar de los demás y aportar al bienestar colectivo.
El contacto con la vida en el campo también dejó aprendizajes importantes. Las actividades en la finca, como ordeñar vacas, esquilar ovejas y participar en la elaboración de quesos, acercaron a los estudiantes a una realidad distinta, despertando admiración y respeto por el trabajo campesino y por el valor de los recursos que ofrece la naturaleza.
Las dificultades del clima y el esfuerzo físico pusieron a prueba la resistencia y el ánimo del grupo, pero también fortalecieron la unión entre compañeros. Entre caminatas, conversaciones y momentos compartidos, comenzaron a notarse cambios naturales en la manera de relacionarse: más respeto, más cuidado por el otro, mayor disposición para colaborar y una autonomía que fue creciendo poco a poco a lo largo de la aventura. Las normas dejaron de sentirse como simples instrucciones y pasaron a entenderse como acuerdos necesarios para convivir y disfrutar juntos la experiencia.
Después de las noches de campamento, hospedarse en un hotel permitió valorar aspectos cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos, como una cama cómoda, una ducha caliente o un espacio seguro para descansar. Compartir habitaciones amplias también continuó fortaleciendo la convivencia y la capacidad de adaptarse a diferentes dinámicas de grupo.
El viaje se disfrutó con visitas a Ráquira y Villa de Leyva, lugares llenos de historia, tradición y cultura. En Ráquira, los estudiantes conocieron de cerca el trabajo artesanal de las familias dedicadas a la cerámica y tuvieron la oportunidad de explorar su creatividad. En Villa de Leyva, actividades como el Town Race permitieron descubrir historias, rincones y personajes del pueblo de una manera dinámica y divertida. También se visitaron espacios como el museo del chocolate, el centro de investigaciones paleontológicas y otros lugares que despertaron la curiosidad y el interés por la ciencia, la historia y la cultura.
La experiencia estuvo acompañada de fogatas, historias, risas, aprendizajes y momentos de reflexión que fortalecieron los lazos del grupo. Permanecer varios días lejos de las familias representó, para muchos, un primer paso hacia una mayor independencia, especialmente significativo antes de iniciar una nueva etapa escolar en básica secundaria.
Durante toda la salida, el acompañamiento constante del equipo organizador, los docentes y el personal médico, brindó seguridad y tranquilidad, permitiendo que cada actividad se desarrollara en un ambiente cuidado y enriquecedor. Más que un viaje, esta experiencia se convirtió en una oportunidad para crecer, valorar, compartir y construir recuerdos que permanecerán mucho tiempo después de regresar a casa.
Aprender a través de historias: una experiencia con séptimo
El pasado lunes 4 de mayo, los estudiantes de segundo grado vivieron una experiencia especial: asistieron a una obra de títeres presentada por los estudiantes de séptimo.
A través de estas historias, los niños de segundo no solo disfrutaron de un espacio lúdico, sino que también tuvieron la oportunidad de aprender sobre temas importantes de su vida diaria, como la alimentación saludable, el buen trato entre compañeros y el cuidado de los espacios del colegio.
Durante la actividad, se evidenció su interés y comprensión: estuvieron atentos, participaron con sus reacciones y lograron identificar los mensajes principales de cada historia. Este tipo de experiencias les permite aprender de manera significativa, ya que conectan lo que ven con situaciones cercanas a su realidad.
Además, el encuentro con estudiantes mayores favorece la construcción de vínculos dentro de la comunidad y les permite reconocer que el aprendizaje también puede darse entre compañeros, a partir del ejemplo y la creatividad.
Así, a través del juego y la narración, los estudiantes de segundo fortalecen valores y aprendizajes que los acompañan en su día a día.
Una Mañana de Música, Teatro y Emoción en el Teatro El Presagio
El pasado 12 de mayo, nuestros estudiantes de tercero, cuarto, quinto y sexto A vivieron una hermosa experiencia pedagógica y cultural en el Teatro El Presagio, disfrutando de la obra musical La Banda de Willy.
Desde el inicio de la función, la emoción, las sonrisas y la alegría se hicieron presentes. Los estudiantes cantaron, bailaron, participaron activamente y se dejaron envolver por cada escena, cada personaje y cada momento de la puesta en escena. Fue realmente significativo observar cómo conectaban con la obra, atentos a cada detalle y disfrutando del arte de una manera auténtica y espontánea.
Más allá de una salida pedagógica, esta experiencia permitió fortalecer la sensibilidad artística y cultural de nuestros estudiantes, acercándolos al teatro como un espacio de encuentro, imaginación y aprendizaje. Estas vivencias continúan reafirmando la importancia del arte en la formación integral de nuestros estudiantes y en la construcción de experiencias que permanecen en la memoria y el corazón.